Hola. ¿Eres tú? Otra vez aquí tú y tu cabeza. A ver cuándo nos cortamos el pelo. Pero si te lo cortas lávatelo bien que luego me dejas con tus minipelitos clavados y estoy semanas hasta que me los quito ¡Echa para
allá, que me aplastas! Deja de abrazarme como a quien tú y yo sabemos. Pero,
por favor, lo que sí te pido que no hagas es… ¡volver a babearme! Por favor,
que luego tampoco me secas, me dejas ahí al aire y descubierta durante todo el
día mientras tú vives historias apasionantes. Mientras escribes tu vida sin que
yo pueda desencorsetarme de esta funda que me pones. Que, por cierto, ni siquiera me preguntas si me
gusta. Y aun así, pese a todo ello y aunque me maltrates para quitarme el polvo…tengo
que escucharte.
Pues bien, que sepas que se ha acabado y que esa cabecita tuya
va a dejar de ser segura. Un libro abierto, un diario encontrado, un cura saltándose el secreto. Tengo un don, te leo el pensamiento. Sí, a ti. No sé
de qué te extrañas con lo que te pesa la cabeza. Y si te preguntas porqué te
despiertas con esos pelos muchos días… no hace falta que vayas muy lejos.
Presente, he sido yo. Es que te pones muy pesado cuando tienes calor, me
aplastas con tus sollozos y me agitas cuando las traes. Y además ni se
presentan, las muy… En fin, que soy yo, tu estupenda almohada. Comprometida con
Morfeo, no hay Dios que nos separe.

No hay comentarios:
Publicar un comentario