20160316

¿Por qué "happy?


Fondo negro, letras blancas. Aplauso cerrado, silbidos de jolgorio. Emociones a flor de piel. Pensamientos en ebullición. Sentimientos sin reposar. Las butacas golpean a la par que los pasos se entremezclan con las primeras impresiones habladas. Pero eso sí, como regla general una sonrisa. Músculos faciales a pleno rendimiento gracias a la voluntad de un guionista que persigue su satisfacción personal entremezclada con la sempiterna fama por alcanzar. Todo con una música envolvente mientras una concatenación de nombres aparecen en una pantalla que pasó de ser admirada a ninguneada en apenas segundos.

Pero paremos por un segundo. Porque el final pudo gustarte o no. Pudo emocionarte o no. Pudo enfadarte o no. Pudo... ¿fue triste? Casi seguro que no. Y aquí es donde me gustaría incidir. Basadas en hechos reales, fantásticas, comedias sin quererlo o comedias dramáticas, no por su pretexto sino por su falta de comedia. Comedia sin comedia. Todo entra. Porque la gran mayoría de las producciones cinematográficas tratan de derramar un poso de optimismo y felicidad. ¿Es bueno o es malo? Es, simplemente es. Porque cada uno es como es y para gustos colores. En RGB o CMYK. La pregunta más bien se cierne en una reflexión afamada de un luso enfrentado con un catalán en Madrid. ¿Película de Almodóvar? ¿Chiste malo? No. Una cuestión: ¿Por qué?

¿Por qué tienen que acabar bien? ¿Por qué ellos sí y nosotros casi siempre no? ¿Por qué el guapo con la guapa? ¿Por qué la fea no es fea? ¿Por qué siempre ganan los buenos? ¿Son buenos los buenos? ¿Por qué son buenos? ¿Por qué son guapos? ¿Por qué tanto por qué? Porque sí. Porque la vida real, por muy basada que esté en, no suele ser tan fácil. Y porque los finales no son con aplausos ni sonrisas, sino con sollozos. Porque los finales no tienen banda sonora, sino un silencio sepulcral. Porque cuando algo termina no tiene segundas partes. Se acabó, y aquí sí como en las películas, si hay segundas partes no son buenas. Porque el recuerdo de la primera está ahí y las comparaciones son odiosas.

20160309

Puntos suspensivos


Hirientes, sugerentes, indiferentes. Siempre van de la mano, son tres pese a que casi siempre se juntan más. E incluso de vez en cuando alguno se queda descolgado. Son algo inseguros, o al menos eso parece. Aparecen en medio de la nada o después de un gran discurso inacabado. Abiertos a respuesta. Dejan sin palabras, callan bocas. Cierran corazones. No dicen nada pero realmente lo dicen todo. Pequeños pero matones. Hablan por sí solos pese a ser muy mudos. Chaplin estaría orgulloso de ellos

Tiempo de asueto, tiempo muerto. Un sollozo en medio de tanta palabrería. Un suspiro de apariencia inocua. Momento de pensar, de sentir el pensamiento y de pensar en el sentimiento. Se alejan del miedo de decir la verdad, se esconden en una maraña de tinta que no quiere quedarse sola. Aparecieron porque uno suena triste y ante la huida de la soledad, la existencia de la dualidad y el exceso del cuarteto... Ya está, usado. Porque gracias a ellos se ha podido escapar de un final sin palabras. O de unas palabras sin fin. O con un fin que no quería ser fin. 

Sustitutivo de tabúes, de palabras malsonantes, de insultos irracionales. El final de un principio de un final. El descuido les permite tener un compañero de aventuras que no debiera aparecer, pues no es sino el evitado. Termina, acaba, concluye lo que el trío trató de dejar a medias. Así que nada, ¡fuera de ahí! Ellos son tres y si tú te has quedado ahora solo no trates de unirte porque seguro que sabes lo que se siente. Tú, que has conseguido ser más serio y formal. Tú, que llevas chaqué y no una americana con vaqueros. Tú, que lograste sustituir a una palabra tan reconocida. Tú, que eres tan claro y no tan difuso. Deja al trío la-la-la en paz y vete con tus finales a otra parte. O con tus siguientes. Ellos prefieren seguir suspendidos, sin definirse, vagando por los libros y los carteles publicitarios. Diciendo todo por no decir nada.

Gracias a ellos todo puede seguir. No se mata al protagonista. Es una salida de emergencia. El bote salvavidas de quien se quedó sin ideas. El clavo ardiendo de quien no vio ni quiso ver las ideas. De aquel que no leyó los pensamientos, de ese que no escuchó a la tinta. Un resquicio de. Las puertas entreabiertas de un halo sugerente pero desconocido. Dan pie a. Pero cuidado con qué pie pones, cuándo y cómo. Porque te puedes quedar sin pie como se disfracen de final.

Guardianes de la comodidad, de la falta de atrevimiento. De dejar círculos abiertos. De pintar sin bordes. Rehuyen el "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", porque lo que hoy es así mañana puede ser asá. Son un poco gatos, no les gusta mojarse. Porque realmente no trazan un final, son un indicio. Una investigación sin acabar. Presos sin condena, asesinos en libertad. No son un punto final porque quieren dejar entrever que esto no va a acabar...

20150806

Relojes, trenes y cámaras de película

Tic-tac, tic-tac. Las manecillas dejan caer la arena del reloj al mismo son que el sol se descubre entre las nubes. Como si de un baile perfectamente acompasado se tratase. El tiempo pasa, no se detiene. Es un tren sin paradas. O te subes o te quedas. No hay vuelta atrás y si estás leyéndolo es porque te has subido. A partir de ahí, como si de Machado se tratase, se hace camino al andar. Serrat osó ponerle melodía. ¿Pero qué es la vida sin una buena música de fondo? Hasta el cine mudo tiene ese hilillo musical. El que tú mismo le pones. El que tú mismo sientes.

Esa música que te hace sentir, que te traslada. Las notas como el motor de la energía de una máquina del tiempo llamada recuerdos. Pasajes por los que el tren pasó sin detenerse. Paisajes advertidos. Lo inadvertido no hizo sentir. No lleva música. No merece ser escrito. Además el tren tiene una pequeña curiosidad. Por donde más deprisa pasa más huella deja. Es paradójico, cruel, maravilloso. Un contrapunto de adjetivos que tan solo permiten incidir en la necesidad de paladear cuando el ritmo se acelera. Cada pálpito coincide con el traqueteo de las vías.

Ventanas mojadas en su interior. Un tren en el que llueve por dentro. Un tren de pasaje limitado. Fugaz y efímero paso. Infinito en vagones. No para, ¿recuerdas? Cada pasajero se queda en vagones traseros o bien te acompaña, cámara en mano.

Porque tú eres el protagonista de la película. No hay otro. Eres tú y te buscaron para embarcarte en preferente. Eres el maquinista y no llevas los mandos. Eres el foco de las cámaras. Pero no de todas. Hay muchas cámaras y, el problema es que, pocas son preciosas. Difícil elegir, difícil que te enfoquen y más aún conseguir un primer plano. Eres protagonista, sí. Pero ni de Bollywood ni mucho menos de Hollywood. A veces te cogen para anuncios o simplemente para un reportaje. Incluso puede que salgas en la portada de alguna revista local. Pero no eres primera plana de tirada nacional. O sí. Si es así, enhorabuena. Seguramente tus zapatos estén limpios y llenos de pelusilla roja. Lávate bien las manos que los premios no dejarán de lloverte. Pero recuerda que el tren no se para. Y además, los premios solo llegarán al final. Quizás alguno en el trayecto, pero esos tendrán que ver con lo que se grabe tras las cámaras.

20150723

Danzando bajo la luna

Bajo la luna de tu sonrisa se escondía un mundo de ilusión. La perfecta melodía de una historia conectada a cada paso de tu mejor coreografía. Esa luna, bajo la cual se albergaba tu belleza. Entre oculta entre la gente, como la luna se resguarda tras las montañas. Como el sol que amanece con cada carcajada. Cada sonrisa provoca una risa porque no es sino tu risa el objeto de mi sonrisa. Efímero. Intenso.

Un camino corto. Sin demasiadas curvas, quizás aburrido y previsible. Carreteras americanas. Autopistas españolas. Elevado precio para tan corto trayecto. Pero qué final. Las curvas tras el pago, de esas que no dejan indiferente. Al final de cada recta, un precipicio de emociones. Un paisaje precioso para fotografiar, con la luna al fondo. Pero la fotografía no encontró su flash. Se quedó sin su sonrisa. El pintor perdió el pincel, el escultor se quedó sin busto. Tras cada curva un nuevo vaivén de emociones hasta la siguiente. Un puerto serpenteante, no demasiado pronunciado y tampoco excesivamente largo.

Bailando al mismo son. Al que marcaba quién sabía. Al que marcaba quién quería. Momentos imborrables. Instantes eternos. Paladeos impestañeables. Tiempo que no se pierde. Pero que tampoco se encuentra. El principio final. Final empezado, por empezar. Punto y...

20150722

Hola, soy tu almohada

Hola. ¿Eres tú? Otra vez aquí tú y tu cabeza. A ver cuándo nos cortamos el pelo. Pero si te lo cortas lávatelo bien que luego me dejas con tus minipelitos clavados y estoy semanas hasta que me los quito ¡Echa para allá, que me aplastas! Deja de abrazarme como a quien tú y yo sabemos. Pero, por favor, lo que sí te pido que no hagas es… ¡volver a babearme! Por favor, que luego tampoco me secas, me dejas ahí al aire y descubierta durante todo el día mientras tú vives historias apasionantes. Mientras escribes tu vida sin que yo pueda desencorsetarme de esta funda que me pones. Que,  por cierto, ni siquiera me preguntas si me gusta. Y aun así, pese a todo ello y aunque me maltrates para quitarme el polvo…tengo que escucharte.

Pues bien, que sepas que se ha acabado y que esa cabecita tuya va a dejar de ser segura. Un libro abierto, un diario encontrado, un cura saltándose el secreto. Tengo un don, te leo el pensamiento. Sí, a ti. No sé de qué te extrañas con lo que te pesa la cabeza. Y si te preguntas porqué te despiertas con esos pelos muchos días… no hace falta que vayas muy lejos. Presente, he sido yo. Es que te pones muy pesado cuando tienes calor, me aplastas con tus sollozos y me agitas cuando las traes. Y además ni se presentan, las muy… En fin, que soy yo, tu estupenda almohada. Comprometida con Morfeo, no hay Dios que nos separe.