20150806

Relojes, trenes y cámaras de película

Tic-tac, tic-tac. Las manecillas dejan caer la arena del reloj al mismo son que el sol se descubre entre las nubes. Como si de un baile perfectamente acompasado se tratase. El tiempo pasa, no se detiene. Es un tren sin paradas. O te subes o te quedas. No hay vuelta atrás y si estás leyéndolo es porque te has subido. A partir de ahí, como si de Machado se tratase, se hace camino al andar. Serrat osó ponerle melodía. ¿Pero qué es la vida sin una buena música de fondo? Hasta el cine mudo tiene ese hilillo musical. El que tú mismo le pones. El que tú mismo sientes.

Esa música que te hace sentir, que te traslada. Las notas como el motor de la energía de una máquina del tiempo llamada recuerdos. Pasajes por los que el tren pasó sin detenerse. Paisajes advertidos. Lo inadvertido no hizo sentir. No lleva música. No merece ser escrito. Además el tren tiene una pequeña curiosidad. Por donde más deprisa pasa más huella deja. Es paradójico, cruel, maravilloso. Un contrapunto de adjetivos que tan solo permiten incidir en la necesidad de paladear cuando el ritmo se acelera. Cada pálpito coincide con el traqueteo de las vías.

Ventanas mojadas en su interior. Un tren en el que llueve por dentro. Un tren de pasaje limitado. Fugaz y efímero paso. Infinito en vagones. No para, ¿recuerdas? Cada pasajero se queda en vagones traseros o bien te acompaña, cámara en mano.

Porque tú eres el protagonista de la película. No hay otro. Eres tú y te buscaron para embarcarte en preferente. Eres el maquinista y no llevas los mandos. Eres el foco de las cámaras. Pero no de todas. Hay muchas cámaras y, el problema es que, pocas son preciosas. Difícil elegir, difícil que te enfoquen y más aún conseguir un primer plano. Eres protagonista, sí. Pero ni de Bollywood ni mucho menos de Hollywood. A veces te cogen para anuncios o simplemente para un reportaje. Incluso puede que salgas en la portada de alguna revista local. Pero no eres primera plana de tirada nacional. O sí. Si es así, enhorabuena. Seguramente tus zapatos estén limpios y llenos de pelusilla roja. Lávate bien las manos que los premios no dejarán de lloverte. Pero recuerda que el tren no se para. Y además, los premios solo llegarán al final. Quizás alguno en el trayecto, pero esos tendrán que ver con lo que se grabe tras las cámaras.